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EL BAILE DE MASCARAS

El baile de máscaras
El baile de máscaras

Una vez definí las relaciones sociales como un baile de máscaras.
Aún vivía inmerso en el desconocimiento de mi mismo pero sí era capaz de atisbar esbozos dispersos en el mundo que me rodeaba.

Llegué a la conclusión que nuestra manera de comunicarnos era a través de un personaje que creábamos para encajar y ser aceptados. Utilizamos una máscara creada a la medida de nuestro entorno directo.

Esa máscara nos protege ( o eso pensamos). Muestra al mundo todo aquello que creemos que quiere ver de nosotros. Es una máscara donde siempre se dibuja una sonrisa. Resulta indiferente cual sea nuestro sentimiento verdadero. La sonrisa ha de aparecer si o si, ya que nos convencemos que no siendo así, sufriremos un rechazo social irreparable.

Nuestra máscara al principio resulta cómoda, incluso nos divierte llevarla. Es como un juego donde tú pones las reglas, donde tú llevas el control. Pero a medida que pasa el tiempo, la máscara comienza a resultar más incómoda. Buscas momentos de intimidad donde poder quitártela y ya no resulta tan divertida.

Pero es aquí donde aparece el verdadero problema : ya no te reconoces sin ella. Has perdido la percepción sobre tí mismo y te has convencido que la máscara eres tú. Te asusta salir sin ella, de hecho, eres incapaz de hacerlo. Y continúas con la máscara, incómodo, incluso asqueado, pero resignado creyendo que ya no puedes hacer nada al respecto, porque tu entorno más cercano no te reconocería sin ella.

Así, creamos un perpetuo baile de máscaras  donde nada es lo que parece y donde la resignación se hace palpable.

Yo hace tiempo decidí tirar la máscara a la basura. Fue justo en el momento en el que me hice consciente de la inutilidad de llevarla. Y la sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que a mi alrededor nada cambió. Bueno, quizá si. Mi gente descubrió en mi aspectos que desconocían y que terminaron por maravillarlos.

Quítate la careta y muestra tu cara. Verás el resultado.